K Ung Fu Tzu Padre De La Icio

En una tranquila y elegante estancia reposaba en su asiento una figura de lo más singular, su vestimenta consistía en un elegante traje negro, adornado con accesorios que lo hacían ver como un refinado investigador, pese a ello lo que más destacaba era su rostro el cual no mostraba ninguna pisca de vida.

Dr. Thaddeus Geist era la persona en cuestión, un hombre de investigación que por caprichos del destino termino convirtiéndose en un no muerto, se encontraba reposando en un lugar extraño para los de su especie, un lugar de descanso ubicado dentro de un recinto religioso élfico perteneciente a la Cuarta teocracia.

—Niños…—Susurró el investigador mientras escuchaba en las lejanías los sonidos de diversión y jubilo de un grupo de jóvenes.

En su meditación paso por su mente la idea de haber tenido un hijo, alguien de quien cuidar y enseñarle, aunque fue rápidamente apagada por su condición. A pesar de estar debilitada, la idea perseveró en su mente y gracias a eso el pensamiento se mantuvo en lo profundo de sí mismo.

—Mi subconsciente ya está planteándose inexistentes posibilidades solo por tener en cuenta “eso”, maldición—Habló en su mente y de inmediato negó con la cabeza, no podía permitirse dichas fantasías sin verificar la fidelidad de su motivo.

—Veo que algo lo perturba, señor Geist—Hablo una voz calmada.

En el lugar apareció un aura acogedora y cálida, este efecto se debió a la presencia mágica de la suma sacerdotisa, una mujer hermosa cual flor, siempre mantiene una relajante sonrisa que haría envidiar a cualquier mujer humana, y su atuendo no se quedaba atrás, llevaba una blanca túnica religiosa adornada en dorado.

—Es un placer conocerla suma sacerdotisa—levantándose de su asiento, Geist realizo una reverencia.

—El placer es mío—Le respondió mientras generaba un movimiento de acompañamiento con sus brazos.

Geist junto a la sacerdotisa salieron del lugar.

—No respondió a mi pregunta—Hablo mientras volteaba a ver a su acompañante.

—No es algo de mucha importancia, solo son tontos pensamientos—Respondió fríamente.

—Comprendo, aunque los pensamientos siempre tienen una raz…

Antes de continuar fue interrumpida.

— ¡Espere suma sacerdotisa! —Unas voces sonaron al unísono.

Dos soldados corrieron hasta a la ubicación de ambos, al llegar y por su forma tan abrupta de detenerse se podía imaginar el cansancio que cargaban, fatigados los soldados trataron de mantenerse firmes sin conseguirlo.

— Los envió el general, ¿verdad? —La sacerdotisa les preguntó a los recién llegados.

Dieron una señal de afirmación con su cabeza, aunque más parecía un flojo movimiento que una señal, por su parte la sacerdotisa asintió y les dio indicaciones a los soldados.

—Lamento las molestias, señor Geist mi pareja es algo protectora en cuanto las visitas se refiere—Hablo con pesar en su voz, mientras su cálida aura se apagó por momento.

—No se preocupe, es normal que las parejas tomen sus medidas, aunque espero que no se deba a mi visita—Respondió con un ligero tono pícaro.

La sacerdotisa lo miro por un momento y nuevamente le dio una señal para continuar con su recorrido, ahora siendo acompañados por el par de soldados a unos metros detrás de ellos, después de un rato llegaron a la entrada de un parque.

—No tendrá problemas en que tengamos nuestra charla en este lugar, ¿verdad? —Pregunto.

—Por supuesto que no, aunque espero que nuestra plática no sea una molestia para los ciudadanos que disfrutan del ambiente—Respondió mientras observaba unos niños jugando.

—No se preocupe por eso, estos temas no son más que simples pláticas para nosotros, como hablar sobre tipos de magia o sobre que pie de manzana es mejor que el de limón.

Los dos se contemplaron por un momento, Geist dio una mirada periférica del sitio mientras la sacerdotisa sonreía, al cabo de unos segundos los dos caminaron al interior del parque.

Llevado ya un rato, Geist se sintió algo extrañado, era de las pocas veces que las miradas de las personas provocaban un sentimiento que hace tiempo dejo de sentir dentro de él, curiosamente las miradas no se encontraban fijadas en él, sino en su anfitriona, todos los elfos que la veían no importando que sean grandes o chicos daban una cálida reverencia.

—Cuando me respondió haces unos momentos, usted se refirió a nuestra “platica” como algo que se deba tener en cuenta, ¿no es así? —Pregunto la sacerdotisa.

—Desde mi punto de vista no es normal que un investigador solicite una charla con la más alta Sacerdotisa del paraje, solo para hablar de cierta leyenda sin intenciones religiosas o para un documental—Respondió mientras volteaba a ver a los soldados que los seguían.

—En este lugar tenemos nuestras precauciones, pero no por ello tratamos de forma diferente estos temas. De todas formas en esta aldea hablar de “él” es como, ya había dicho algo común.

— ¿Se debe a los tesoros de Paradine verdad? —Pregunto el investigador.

La sacerdotisa lo miro con una expresión de “¿otra vez?”, incluso los fatigados acompañantes sintieron la redundancia en la pregunta.

—Esto… no me malentienda, nosotros mantendremos precaución ante este tipo información confidencial, aunque antes de apresar o destruir de inmediato a los entrevistadores o documentalistas preferimos saber el porqué de su visita y ver como proseguir—Respondió la sacerdotisa con una voz tranquila.

—Hasta donde pude entender, él es el héroe de las 5 tribus élficas que se formaron al final de guerra, aunque los relatos antes de esa fecha lo muestran como un villano sediento de poder y conocimientos—Hablo Geist con una gran frialdad.

La sacerdotisa lo miro con un rostro de "ve más despacio", de todas las entrevistas que ha tenido esta ha sido la más quisquillosa y fría que ha tenido, recomponiendo la compostura, se preparó para hablar.

—Como todos los personajes legendarios del mundo tienen dos historias, nuestro héroe tan poco es la excepción, aunque creo que eso ya lo sabe—Miro a su invitado.

Este por su parte asintió.

— ¿Entonces quiere escuchar nuestra versión?

—Natürlich.

La sacerdotisa buscó con la mirada cierto lugar, al encontrarlo dio una señal a uno de sus guardias.

—Me disculpará señor Geist, pero antes de contarle nuestra ancestral versión de la historia, ¿le molestaría esperar un momento?

—En lo absoluto tómese, su tiempo.

El guardia se alejó del lugar mientras Geist y la sacerdotisa se miraban de forma discorde, una tenía una mirada cálida mientras el otro congelaba con la suya, la palabra de opuestos salía del pensamiento de cada quien pasaba a verlos como cualquiera diría de unos hermanos.

Al cabo de un tiempo, el guardia regreso junto a un par de seres de armadura completa cada uno con un objeto entre sus brazos, el guardia trajo un libro y el par varias bolsas.

—Lamento las molestias, señor Geist, pero no podía dejar pasar esta oportunidad.

La sacerdotisa agarró el libro mientras ordenaba a sus guardias y al nuevo par esparcir el contenido de la bolsa, para sorpresa de Geist su contenido no era ni más ni menos que hojas y palillos, a decir verdad para cualquiera daba la impresión de simples hojas sin mayor importancia aunque gracias a sus estudios se dio cuenta de que esas hojas estaban ligeramente imbuidas en magia.

Terminando de esparcir los materiales, la sacerdotisa se acercó al investigador, mientras los guardias se ponían atrás suyo.

—Debe de ser afortunado señor Geist, tenía pensado usarlo en el evento del fin de semana junto a mi pareja para retratar la construcción de la aldea por parte de las “5 grandes comandantes”, pero visto que usted quiere saber sobre un tema parecido no viene de más usarlo—Aunque su voz mostraba alegría su rostro se veía ligeramente preocupado.

La sacerdotisa, utilizando el libro que se le fue entregado conjuro un hechizo que hizo alzar las hojas, aunque un número pequeño de estas no logro levantarse del suelo. Volteando a ver al par de armaduras, estos procedieron a recoger las hojas que no se levantaron.

Al cabo de retirar las hojas y palillos fallidos, la sacerdotisa empezó a darle forma al conjunto formando una escena de un hombre en armadura.

—Aunque hace mucho fuimos parte de su ejército, no tenemos muy en claro cómo se originó, pese a ello tenemos un par de pistas. Antes de que se convirtiera en un no muerto él era un druida y su armadura fue el tesoro de un reino que aún no logramos ubicar, a su vez nuestro pueblo no siempre le mantuvo respeto…

Las hojas dejaron de formar a un hombre, mostraron varias casas y a lo lejos un enorme barco.

—Como todos en esa época le teníamos miedo a los no muertos y aún más después de “la guerra de los reyes”, pasamos hambre ante la mala administración de nuestros líderes, cuando pensamos que podíamos mejorar, ellos aparecieron—Su tono cambio a uno pesimista junto a su cálida presencia.

Del barco formado de hojas salieron diferentes ramas de distintas formas y tamaños, cada una de estas se dirigía a una casa y la destruía.

—La terrible armada del terror, nos vio como una presa fácil y no vacilaron en esclavizarnos, nuestros ancestros sufrieron lo peor de lo peor, no éramos más que animales para ellos…. Bueno, creo que la forma arcaica de hacer pergaminos con carne se originó en ese lugar.

Las representaciones cambiaron para mostrar muchos seres humanoides encerrados en corales, en lo que se asemeja a una playa con varios barcos en las orillas.

—Según la información hablada por los más viejos, cuando la comida escaseaba, la armada no tenía problema en matar a varios de sus prisioneros para poder usarlos como comida, sin duda alguna era un infierno en la tierra, pero no solo nuestros antepasados sufrieron esa tortura varias otras especies sucumbieron. Hasta el día en que él apareció.

Todas las hojas y ramas dejaron de moverse dejando un escenario plano, de pronto en el centro se formó un pequeño ser hecho de palos secos.

—Oponerse a la armada era una hazaña totalmente imposible, nadie podía oponerse a su voluntad, pese a ello hubo un ser que cruzo mar y tierra para oponerse a su tiranía, el más odiado por todos, el ladrón de los tesoros de los dioses, el no muerto Paradine.

El escenario cambió solo mantenido la figura hecha de palos secos, ahora mostraba un enorme risco, estando la figura en la cima de este, observando una playa llena de barcos y pequeñas figuras.

—Pese a que su especie odiaba a los vivos, no pudo soportar todo el dolor que la armada causo y los ataco, libero a nuestro pueblo junto al resto de especies, con solo mover su espada los destruyo, los temibles barcos que causaron terror en todo el mundo. Nuestros antepasados corrieron sin voltear, atrás se alejaron del mar de llamas.

Los barcos formados eran destrozados uno por uno por la singular figura, varios otros seres de diferentes tamaños se abalanzaron contra él, pero todos eran repelidos, al final solo quedo un barco en pie y en su cima reposaba la figura, la sacerdotisa conjuro un nuevo hechizo creando una pequeña luz que reposo en la cima del ganador.

—Aunque todos estaban agradecidos por el ser que los libero, nuestro pueblo fue el único que regreso para verlo, su sorpresa fue enorme al ver un no muerto, un monstruo entre monstruos, pero ante sus ojos solo vieron a su salvador Paradine, “el salvador de los condenados”.

En la escena aparecieron muchos pequeños seres que se acercaban con júbilo al único barco intacto.

—Él acogió a nuestros ancestros en su nuevo tesoro, un barco que antes pertenecía a la armada, ahora brillaba como uno de sus tesoros sagrados, él era el monstruo que mataba e intimada al resto de monstruos, solo para dejarnos vivir a sus pies.

El escenario cambió ahora mostrando un barco flotando en la tierra y atrás muchos seres entre, ellos unas 5 figuras gigantes.

—Junto a nuestro salvador nos volvimos un pueblo nómada sirviéndole, él no nos trataba mal, ningún elfo paso hambre bajo su protección y guía, gracias a nosotros Paradine pudo crear diferentes golems de piedra, usando la esencia de su más poderoso tesoro, el árbol del mundo el cual había conver….

Aunque quiso continuar, fue interrumpida.

—No quiero sonar grosero, pero ¿no fue la Helena Hydra? —interrumpió Geist bruscamente.

—Creo que se equivoca de versión señor Geist, según la tradición oral Paradine empleo su tesoro “la sombra de Yggdrasil” para poder gestar poderosos golems de asedio, la Helena Hydra solo la empleo dos veces, una en su creación y en su fatídico encuentro final contra el maestre de la armada donde fue destruida—Explico con tranquilidad.

—Umm, no niegan su existencia, pero si su uso. Interesante—Geist hablo fríamente.

Confundida la sacerdotisa movió su cabeza de lado, al cabo de un rato un destello de luz apareció en sus ojos.

—Veo que ya lo entendí, usted no vino a investigar sobre Paradine, sino sobre sus tesoros sagrados—Su sonrisa natural se deshizo para formar un puchero.

—Sicher, a decir verdad yo ya sé porqué lo veneran como un santo y a veces como un dios—Geist hablo con un tono pícaro.

— ¿Dios?, pensé que nos conocía bien, señor Geist…

Mientras lo miraba dejo de reposar las hojas y torció los brazos dando una imagen de ¿en serio?

—Nosotros no vemos a Paradine como un dios, nuestro dios sigue siendo el mismo que el de nuestros antepasados, Paradine solo es un héroe que dejo las enseñanzas que hoy aplicamos.

Mientras hablaba, sus ojos se fijaron en su mano.

—Por ejemplo, mi pareja y yo nos casamos en un templo que adora a Pidh-Ziba.

Enseño su anillo a su invitado.

—Creo que lo pintan, pero a su vez lo niegan de forma diferente, aun así ¿no cree que todo fue planeado?

El investigador señaló a un grupo de personas, en su mayoría mujeres, que jugaban en un campo a las lejanías del lugar.

— ¿A qué se refiere? —Pregunto confundida.

—Es curioso como su árbol genealógico, se juntaron a las más poderosas clérigas con los soldados de más alto rango, en su generación actual son mujeres con un talento innato con la magia divina, con grandes capacidades físicas, compensando el nulo entrenamiento de los clérigos, sus hombres son prácticamente paladines desde su nacimiento, ¿no considera que Paradine los salvo para tener a otra especie como ejército? —Pregunto fríamente.

—Ummm, ¿otra especie? —Respondió la pregunta con otra.

—Responde con ambigüedades a pesar de ser la suma sacerdotisa, supongo que es de conocimiento común que las tejedoras del mar, los poderosos golems de asedio y—Declaro mientras volteaba a ver a las armaduras de cuerpo completo—los grupos de guerreros no muertos que ahora usan fueron creados o influenciados por su héroe.

—Creo que debió hablar de eso en primer lugar, aun sí fuera así ¿Por qué nos salvaría en lugar de usarnos? Ese último acto de compasión que tuvo con nosotros fue lo que condujo a la ruina—Le pregunto al investigador.

—Para hacerlos sentir en deuda con él—Respondió Geist.

—Piénselo, a sus druidas les dio una poderosa zona canalizadora de magia druídica para habitar, gracias a eso las próximas generaciones pudieron fortalecerse desde pequeños, y sin ir más lejos ustedes poseen la máxima armadura de los paladines como la poderosa espada tallada del corazón de un ángel y el refinado método para producir no muertos—Explicó Geist.

Mientras el investigador y la sacerdotisa debatían sobre Paradine una cosa resaltaba en común, la mención de una agrupación de objetos que son envidiados por muchos, los “tesoros sagrados de Paradine” una enorme colección de objetos, artilugios, equipamiento y seres que el no muerto recolecto en sus años.

Todos los guerreros y naciones han querido poseer tan solo uno de esos artilugios y uno de los presentes no era la excepción.

—¿No cree que todo esto solo fue un plan para obtener una gran cantidad de soldados? De todas formas creo que mantener a toda una tribu como guardianes de sus poderosos tesoros le salió más rentable, ¿no le parece? —Refuto Geist.

El investigador la miraba algo irritado, mientras la sacerdotisa trataba de decir algo con una voz muy débil, seguramente estaba pensando una explicación sólida con la cual refutarlo.

—Veo que el ambiente se puso tenso, aun así es bueno tener debates con diferentes opiniones y puntos de vista—Hablo una figura en la lejanía.

Todo el mundo guardo silencio.

El ambiente se volvió tenso, aunque gracias al resonar de la suave voz de una anciana escoltada por un gran número de soldados volvió a la normalidad, entre ellos resaltaba un gran soldado con una fina y blanca armadura.

—Matriarca…—Susurro la sacerdotisa.

Rápidamente, las escoltas que acompañaban a Geist y la sacerdotisa se arrodillaron, seguido de ello los presentes inclinaron sus cabezas en señal de reverencia.

—Frawynn veo que aún estas en proceso de desarrollo, tal vez el romance con nuestro general te ha vuelto descuidada—Hablo mientras volteaba a observar al soldado de resaltante armadura.

—Mis disculpas matriarca —Hablo la sacerdotisa con la cabeza agachada.

Era una anciana pequeña y hasta cierto punto cualquiera que la viera podría decir que estaba en una condición muy alarmante, pese a ello aún tenía el vigor de una elfa de 100 años, ella era la última matriarca de la “cuarta orden”, sacerdotisas que lucharon junto a Paradine y que gracias a su magia logro mantenerse aun en este mundo después de tantos siglos.

—Lamento haber generado este tipo de ambiente—Geist dio una disculpa muy monótona.

—No hay necesidad de disculparse, de todas formas es normal que se genere este tipo de escenarios, cuando uno de los debatientes no habla desde un inicio de lo que de verdad quiere hablar.

La anciana tenía la mirada fija en Geist.

El invitado la miraba con ojos afilados, esto llevo a que los soldados que la acompañaban se interpusieran en su línea de visión, aunque fueron rápidamente calmados por esta.

—Veo que no has cambiado en nada, viejo amigo—La anciana hablo calmadamente.

—Usted tampoco, me preocupaba que mi vieja colega de investigación se hubiese oxidado por el paso de los años —Geist sonrió por un momento.

— ¿Nos escuchaste de un inicio verdad? —Pregunto el investigador.

—Desde luego. Escucho casi todo lo que sucede en mi pequeño reino, incluyendo las quejas de una sacerdotisa al ver como su pareja no supo encantar bien las hojas para el evento de fin de semana.

Los dos viejos colegas miraron a la sacerdotisa la cual se encontraba enrojecida, la escena causo risa de los antiguos compañeros y una pequeña carcajada en la escolta.

— ¿A qué has venido? —Pregunto la anciana.

Geist volvió a su estado monótono.

—Usted lo sabe más que nadie, no pueden mantener sus secretos ocultos para mi organización y por consecuente me mandan como un diplomático para saber lo que pasa—Respondió fríamente.

—Aunque quiera, es muy complicado mantener todos esos secretos fuera del alcance de tu organización, pese a ello tu venida es por el dichoso “objeto”, ¿no es así?—Lo miro con una gran sonrisa.

—Tú lo has dicho.

—Ah, sinceramente, es una pena Geist, pero no podemos dárselos, aunque quisiéramos es muy….

Queriendo terminar, la anciana fue interrumpida por la llamativa soldado.

—Están locos si tratan de llevárselo—Hablo el soldado con brillante armadura.

La sacerdotisa Frawynn dio un pequeño salto al escuchar la voz de su pareja, por su parte esta última miraba con desaprobación al investigador.

—Lamento interrumpir la charla matriarca, pero usted más que nadie sabe el peligro que conlleva manipular dicho objeto, ni siquiera nuestros ancestros han podido guardarlo por tanto tiempo.

—Lo sé general, la influencia que emana y el deseo de convocar a tan solo una cabeza es tal que muchos podrían terminar muertos—La anciana miro por un momento al investigador.

—Pero estamos hablando de más, sé que mi colega no es tan tonto como para venir a exigir dicho objeto, oh ¿Acaso ya olvidaste el registro sobre el daño que te hizo hace 100 años, el cual tuviste que mandarles a tus superiores? —Miro juguetonamente a Geist

—Aún no lo olvido, aun así, me sorprendió que lo movilizaran, eso llamo la atención de AGIAT—Hablo con intriga.

—El lugar ya estaba viejo y necesitaba una nueva decoración, por así decirlo, los nuevos círculos de contención son muy compactos, y con todo el espacio libre queríamos implementar más medidas, eso fue lo que llamó la atención.

Mientras la anciana explicaba, Geist pensó por un momento en el objeto que tanto preocupaba a su colega, un pensamiento normal para un no muerto, aunque una llama de un sentimiento olvidado por Geist borro la idea de su mente.

El objeto que el mismo Paradine tenía problemas en usar, incluso su mera mención, sacudiría a los menos ambiciosos del mundo, y particularmente Geist fue uno de ellos.

—Comprendo, trataré de explicar que movieron diversos artilugios sagrados y por su torpeza generaron esa extraña influencia mágica en su recinto—Hablo con monotonía el investigador.

—Aunque si no te lo explicábamos de todas formas lo ibas a hacer, ¿no es así?—Hablo la anciana con sarcasmo.

Ante la pregunta, Geist solo sonrió.

—Sabes Geist, hay más cosas que me gustaría hablar contigo, ¿no te molesta en quedarte un par de días más? —Pregunto la anciana mientras observaba al investigador.

—Natürlich, planeo quedarme lo suficiente para ver el evento de la sacerdotisa—Respondió pícaramente el invitado.

Los dos colegas fueron escoltados por los guardias, en el camino hablaron sobre diferentes temas, él llevaba tiempo sin tener una plática como esta.

Ya habiéndose retirado el grupo solo se quedó en lugar la suma sacerdotisa mando a sus guardias que fueran a escoltar a la matriarca, ella ya los alcanzaría. Por su parte, ella se quedó en el lugar para guardar su instrumento de presentación.

— ¿Necesitas ayuda?

Pregunto la elfa en brillante armadura.

—Pensé que te habías ido con la matriarca— respondió la sacerdotisa.

—Le dije que se me había olvidado algo en sus aposentos y regresé.

—Tu solo buscas una forma de escaparte del trabajo para verme.

Hablo la sonrojada sacerdotisa.

—Y tu escapas de mis guardias que van a cuidarte—dio una pequeña risa al terminar.

—Querida…

Lo decía mientras se acercaba a abrazar a su esposa, las dos se mantuvieron abrazadas por un largo rato, hasta que una pequeña rama golpeo el casco de la general.

—Auch—Exclamo la elfa en armadura.

Sobándose el indoloro golpe en su cabeza, la general miro a su esposa hasta que su mirada se fijó en el cumulo de hojas.

—Veo que nuestro pequeño trabajo de evento funciono.

La sacerdotisa miró el cúmulo de hojas.

—Si funciono, aunque algunas fallaron —La sacerdotisa mostró una sonrisa pícara.

Señalo un grupo de hojas agrupadas.

—Ummm tal vez no les pusiste mucha magia—dio una carcajada.

—Si, tal vez fui yo la que no le puso mucha magia.

Las dos amantes se pusieron a recoger las hojas, ya tendrán tiempo para arreglarlas, después de todo solo querían pasar tiempo entre ellas, al fin y al cabo habían pasado mucho tiempo sin que las dos compartieran un tiempo en pareja.

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